lunes, 26 de agosto de 2013

Con aire de pueblo


Los Cardales, pcia.de Buenos Aires
Con aire de pueblo
“La localidad de Los Cardales se halla localizada en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, a 70 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Ruta n° 9 o por la Ruta Panamericana ramal Pilar. También se llega a la misma por ferrocarril en el ramal Victoria – Capilla del Señor. Una localidad pujante que guarda su espíritu de pueblo en sus costumbres y su fisonomía. La oportunidad para percibir la vida de campo a muy pocos kilómetros de la gran urbe.”

Por Leonardo Celano



La localidad de Los Cardales pertenece al partido de Exaltación de La Cruz. Se halla localizada en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, a 70 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Ruta n° 9 o por la Ruta Panamericana ramal Pilar. También se llega a la misma por ferrocarril en el ramal Victoria – Capilla del Señor con una frecuencia que varía de acuerdo a los cronogramas de la empresa prestadora del servicio. Siempre es conveniente una consulta previa. Una localidad pujante que guarda su espíritu de pueblo en sus costumbres y su fisonomía. Ligado fuertemente al paso del ferrocarril que fue el motor de su crecimiento. La oportunidad para percibir la vida de campo a muy pocos kilómetros de la gran urbe.


A pesar de los vaivenes que sufren los servicios de ferrocarriles en la Argentina, es positivo para Los Cardales, que el tren llegue en estos días. Es que su nacimiento como pueblo y su progreso están ligados a la llegada del Ferrocarril Central Argentino. En 1902 se concluyó que era necesaria la construcción de una estación de carga antes de Capilla del Señor. El 26 de diciembre de dicho año queda como fecha de fundación del poblado, que va a crecer acorde a las necesidades de los lugareños. Su fisonomía actual guarda una disposición de desarrollo en torno a la estación. Muy particular y diferente a la de los pueblos tradicionales con su plaza principal y su traza de cuadrícula.

El acceso por vehículo se realiza generalmente por la Ruta 9 y la intersección con la Ruta 4 que da entrada al pueblo. Si bien hay otras formas de acceso, esta que elegimos tiene la particularidad de introducirnos en otro paisaje. Luego de dejar la autopista, la ruta 4 va costeando los humedales del Río Luján y nos regala una visión del horizonte de la llanura pampeana. Un valor que solemos perder en medio de la gran ciudad. Huevos de campo y miel casera rezan los carteles de los puestos que se encuentran a la vera del camino. La entrada a un barrio privado matiza el entorno. La zona es elegida para la instalación de quintas de verano y vivienda permanente de los que optan por una vida en contacto con el verde.

Uno de los protagonistas de todo paseo es el almuerzo. La oferta es variada, pero la recomendación es elegir lugar y reservar antes de pasear por los alrededores. Tomamos la sugerencia de la encargada de la Hostería Las Fraulis. Recorrimos las instalaciones y tentados por el sol que pintaba el parque, pedimos una mesa al lado de la pileta. La parrillada marcha como en casa, a su tiempo. Es el momento justo para descubrir los encantos del pueblo.

La ruta se convierte en una avenida con boulevard que da acceso a las quintas y barrios privados. Hacia el final la calle pierde su recta y se hace mano única. Algunos locales comerciales mantienen su fachada original restaurada. La entrada al patio cervecero nos hace descender del auto. La cerveza artesanal es una buena excusa para un aperitivo. Cámara en mano nos dirigimos a la estación, previo paso por la Capilla de La Sagrada Familia, que fue construida con el aporte de los vecinos e inaugurada en 1957. La típica estación de pueblo se convierte en protagonista de los aficionados a la fotografía. Los terrenos a los laterales de las vías sirven de espacios verdes. Cuidados y de acceso público, recrean lo que sería la plaza central de un pueblo tipo.

Una esquina frente a la estación es el solar donde se encuentra el protagonista de la historia del pueblo. El Bar Di Yorio. El lugar abrió sus puertas en 1925 y hasta hoy, cinco generaciones han sido testigo de la historia de Los Cardales. Nos recibe el dueño y entre anécdotas nos invita a visitar el patio techado que alberga a un museo con objetos de valor testimonial. Allí también funcionó el primer televisor de la zona, 75 días después, que en el año 1952, Evita lo presentara en sociedad. Desde ese día se colocaba afuera una pizarra donde se anotaba la programación del canal 7. Sin lugar a dudas se destacan dos mesas originales y tres sillas de roble, que fueron testigos de grandes decisiones políticas. Eran las utilizadas por Juan B. Justo que solía dar charlas de tinte político. También en varias oportunidades se lo escuchaba cantar a Jorge (el turco) Cafrune.

Siguiendo nuestra caminata entre comentarios un olor a carne asada nos recuerda nuestro almuerzo. Es el momento justo para disfrutar del asado en el parque de la hostería. Sin apuros y entre charlas y sobremesa se percibe la tranquilidad del lugar. El café es servido en el estar al lado del hogar, para no privarnos de disfrutar el calor y el olor a leña.

Ya en camino de regreso nos sorprende una construcción de madera y piedra al estilo patagónico. El salón principal se encuentra en un plano elevado y de su galería salen los troncos de los árboles, simulando nuestro bosque de arrayanes del sur. La mermelada de guindas nos llevan a través del paladar a un viaje a la Patagonia. El sol se esconde y deja de iluminar la vista a los humedales que tenemos desde lo alto. El horizonte pampeano es cortado por las luces de la autopista. La ciudad nos espera. Y también el compromiso con nuestro espíritu, del regreso a estos pagos para disfrutar de un par de días, con aire de pueblo.

Texto:  Leonardo Celano para Opciones Turísticas
Fotos: Archivo Opciones Turísticas 

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